La capacidad de estar a solas al correr y al nadar
La psicóloga Laura Aliberti explica el concepto de Winnicott y cómo el silencio del entrenamiento desafía la mente del atleta.
Estar a solas con los propios pensamientos durante el entrenamiento puede ser uno de los mayores desafíos en el deporte de resistencia. En conversación con Girls Who Run, la psicóloga Laura Aliberti aborda la capacidad de estar a solas y compara el aislamiento en la natación frente a los estímulos del running.
Estar a solas con los propios pensamientos durante un fondo largo no siempre resulta sencillo. Hay días en los que el entrenamiento fluye con ligereza, pero existen sesiones donde enfrentar la propia compañía se transforma en un reto pesado. Esta dificultad no es una simple casualidad: en la psicología del desarrollo, la capacidad de estar a solas se concibe como una conquista psíquica que se construye a lo largo de toda la vida.
La conquista de la capacidad de estar a solas
A partir de la teoría del psicoanalista Donald Winnicott, la psicóloga y corredora Laura Aliberti destaca que aprender a estar solo no ocurre de la noche a la mañana. Se trata de un proceso que comienza en la infancia, cuando el niño, bajo la mirada atenta y el cuidado de los padres, internaliza la presencia y la seguridad de dicho vínculo. Una vez que el afecto y la certeza del reencuentro quedan asimilados, la soledad deja de interpretarse como un abandono o un vacío.
En la vida cotidiana actual, sin embargo, esta habilidad compite de forma permanente con las pantallas y los smartphones. Ante cualquier instante de silencio, el acceso inmediato a redes o mensajes ofrece una conexión rápida —muchas veces ilusoria—, reduciendo los momentos de confrontación genuina con uno mismo. Aprender a callar, tolerar el aburrimiento o aceptar los días en que tolerar la propia mente cuesta más trabajo son pasos esenciales para la madurez emocional.
El alivio del grupo y el papel de las reglas
Esta dinámica explica por qué entrenar en equipo o correr junto a un pacer suele resultar tan reconfortante. Cuando otra persona marca el ritmo, corta el viento o guía el trayecto, la carga mental del atleta disminuye de manera notable, permitiendo que la mente descanse. Además, las reglas y pautas estructuradas del deporte brindan referencias claras que organizan la rutina de quien debe lidiar con la autonomía del día a día.
El silencio de la alberca frente a los estímulos de la calle
Al comparar ambas disciplinas, el aislamiento adquiere matices muy particulares en la natación. Mientras que correr en la calle ofrece estímulos visuales, luz solar, ruido ambiental y la opción de escuchar música, la alberca impone un corte sensorial profundo. Sin audífonos y sumergido en el agua, el nadador queda entregado únicamente al compás de las brazadas, al conteo de las respiraciones y a su propio diálogo interno.
La misma mecánica respiratoria de la natación —inhalando por la boca y soltando el aire bajo el agua— demanda una concentración neuromuscular y psíquica continua para evitar ahogos, lo que vuelve la práctica todavía más inmersiva. En cambio, en el running, si bien la caminadora suele acentuar la incomodidad mental de la monotonía, el asfalto al aire libre devuelve una sensación de vitalidad y distracción, demostrando que cada deporte invita al atleta a habitar su mente de formas muy distintas.