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El pasatiempo como juego adulto y la trampa del rendimiento

Por qué transformamos los momentos de ocio en una obligación de rendimiento y cómo recuperar la ligereza en el deporte.

La psicóloga y psicoanalista Laura Aliberti reflexiona sobre la importancia del pasatiempo como el juego en la vida adulta. Descubre por qué la búsqueda constante de métricas arruina el placer de la actividad y cómo permitirse ser principiante.

En la rutina de la vida adulta, los momentos dedicados al ocio muchas veces terminan contaminados por la misma lógica de exigencia y eficiencia del entorno laboral. En una conversación sobre salud mental y conducta, la psicóloga, psicoanalista y corredora Laura Aliberti analizó cómo las prácticas deportivas y los pasatiempos funcionan como el equivalente al juego en la infancia, y por qué esta relación suele desgastarse con la obsesión por el rendimiento.

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El concepto de jugar y la capacidad de estar presente

Al recurrir a la teoría psicoanalítica de Donald Winnicott, Laura explica que el juego se define como un estado de presencia absoluta. No se trata ni de un escape puro hacia la fantasía ni de la rigidez total de la realidad práctica. Para la psicoanalista, el deporte reproduce este espacio intermedio, en el cual quien lo practica necesita lidiar con su propio cuerpo, la respiración y el movimiento, mientras desarrolla a la vez la capacidad de estar a solas consigo mismo.

Este estado exige una concentración inmediata, ya sea al correr para coordinar zancadas y ritmo, o en una experiencia totalmente nueva como manejar un karting o practicar escalada. La vivencia de la novedad le devuelve al adulto sensaciones típicas de la infancia, como los nervios en el estómago, el miedo controlado y la curiosidad sin pretensiones.

El pasatiempo como juego adulto y la trampa del rendimiento

El permiso para ser malo y la invasión de las métricas

Uno de los mayores obstáculos modernos al cultivar un pasatiempo es el miedo a no ser bueno de inmediato. En dinámicas grupales y prácticas deportivas, se ha vuelto común el temor a fallar o a mostrar un desempeño inferior al esperado, lo que transforma lo que debería ser ocio en una fuente de ansiedad.

Según Laura Aliberti, un pasatiempo saludable presupone la libertad de experimentar e incluso descubrir que una actividad no nos gusta. Al comenzar una práctica sin el compromiso de alcanzar metas elevadas —como nadar solo por el placer de estar en el agua—, se recupera el derecho de ser principiante. El riesgo surge cuando cada actividad empieza a medirse con relojes, ritmos y planillas, sofocando el placer lúdico bajo la presión de una productividad constante.

La pregunta clave: ¿en nombre de qué nos exigimos?

Frente a la pérdida de motivación o el agotamiento con los entrenamientos y las rutinas deportivas, Laura sugiere una reflexión clínica: «¿En nombre de qué estoy haciendo esto?». Esta provocación va más allá de los motivos superficiales o clichés y busca identificar si el objetivo responde a un deseo genuino o a una necesidad de validación externa.

Muchas veces, la presión por obtener resultados proviene de la sensación de que los demás juzgan permanentemente nuestro desempeño. Sin embargo, la velocidad del consumo de información en redes sociales demuestra exactamente lo contrario: la atención ajena es efímera. Reconocer esta dinámica brinda un alivio fundamental para renovar el vínculo con el deporte, bajar el ritmo cuando sea necesario y practicar una actividad por puro placer.

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