El pos-Everest de Aretha Duarte: salud, fe y nuevos retos
Edema pulmonar, quemadura de córnea y el impacto de volver a la rutina marcaron la travesía de la montañista en el techo del mundo.
En entrevista con XTREMMA Sports, Aretha Duarte detalla los momentos más críticos de su expedición al Everest, incluidos graves problemas de salud en la montaña. La alpinista también comparte cómo la fe y la superación guiaron su regreso y el enfoque en proyectos sociales.
Alcanzar la cima del Monte Everest transforma la trayectoria de cualquier montañista, pero el detrás de escena de este logro va mucho más allá de la foto en la cumbre. En conversación con Shubi Guimarães en el pódcast XTREMMA Sports —en un episodio que abordó su trayectoria completa—, Aretha Duarte reveló los impactos físicos, emocionales y espirituales de su expedición, además de los desafíos que enfrentó al regresar a Brasil.
Problemas de salud y protocolos en el techo del mundo
El ascenso a los 8,848 metros exigió superar de inmediato dos afecciones médicas severas durante la etapa de aclimatación. En el primer ciclo, rumbo al Campo 1, Aretha sufrió un edema pulmonar agudo, registrando una caída de saturación de oxígeno al 70 %. Para descender de forma segura al campamento base, tuvo que recurrir al oxígeno suplementario ya en el Campo 2, un recurso habitualmente empleado recién a partir del Campo 3, alrededor de los 7,500 metros. En el campamento base, siguió un protocolo médico con reposo estricto, corticoides, antibióticos y jarabes, recuperándose en dos días.
Poco después, la montañista enfrentó otro revés: una quemadura de córnea provocada por la radiación en la nieve. Sin medicación específica para revertir la lesión de inmediato, Aretha permaneció dos días con los ojos vendados dentro de su tienda de campaña, dependiendo de la ayuda del equipo para alimentarse y desplazarse. El episodio reforzó su visión sobre la seriedad del entorno de alta montaña, donde se cruzó con cuatro cuerpos a lo largo de la ruta, consolidando la importancia del respeto absoluto a los protocolos de seguridad.
La dimensión espiritual y el permiso de la montaña
Para Aretha, la preparación técnica y el acondicionamiento físico fueron indispensables, pero no actuaron solos. La experiencia ante los límites del cuerpo fortaleció su conexión espiritual, consolidando la creencia de que alcanzar la cumbre depende también de un permiso de la propia montaña. Esta vivencia afianzó una postura de aceptación de las propias vulnerabilidades sin paralizarse ante el miedo o la ansiedad.
El impacto del regreso y el enfoque en el propósito
Tras 64 días en Nepal —54 de ellos en la montaña—, el regreso exigió una adaptación brusca de ritmo. La intensa rutina de compromisos con la prensa, con dos a tres entrevistas diarias a lo largo de dos meses consecutivos, resultó en un fuerte desgaste mental. La repetición exhaustiva del mismo relato generó un agotamiento pasajero sobre el tema Everest.
Superado el pico de exposición, Aretha retomó el objetivo central de su trayectoria deportiva. En sociedad con Bernardo, a través de Altitude Fly, estructuró proyectos sociales e impulsó la instalación de muros de escalada en la periferia donde reside, canalizando el aprendizaje de los 8,848 metros hacia nuevos desafíos colectivos.