Cómo Aretha Duarte descubrió el montañismo en Grade 6
De una charla en 2007 al campamento base del Aconcagua, la atleta trazó una estrategia persistente para entrar al deporte.
Aretha Duarte recuerda sus primeros pasos en el montañismo y su estrategia de cuatro años para ingresar a Grade 6. Descubre cómo la curiosidad que nació en una charla se transformó en profesión y le abrió las puertas a las altas cumbres.
La trayectoria de Aretha Duarte en el montañismo comenzó con el impacto visual de una charla en Campinas, dentro de la agencia Grade 6, en 2007. Frente a imágenes de escalada y expediciones, su interés por el deporte en la naturaleza fue inmediato, pero vino acompañado de una inquietud: ¿por qué esa disciplina parecía tan lejana de la realidad de la periferia donde vivía?
Decidida a practicar y sin recursos para costear expediciones como cliente, Aretha trazó una ruta estratégica para acercarse al medio: conseguir empleo en la propia empresa. Para estrechar lazos con el equipo y aprender los fundamentos técnicos, invirtió en un curso básico de escalada en roca en Pedra Bela, una tradicional escuela de escalada en la región de Bragança Paulista.
Su ingreso definitivo a Grade 6 requirió cuatro años de perseverancia. Durante ese tiempo, trabajó de forma independiente apoyando entrenamientos corporativos liderados por el experimentado montañista Rodrigo Raineri, manteniendo el sueño de la alta montaña en el horizonte hasta que fue contratada formalmente en el área de ventas, en abril de 2011.
El debut en la altitud y el punto de inflexión en el Aconcagua
Gracias a la política de Grade 6 de motivar a sus colaboradores a vivir las expediciones de cerca, Aretha pronto comenzó a dar soporte a los guías en la Serra da Mantiqueira. En enero de 2012, encaró su primer reto en gran altitud: el campamento base del Aconcagua, en Argentina, a cerca de 4,300 metros.
Esa primera experiencia trajo el impacto físico de la altitud, con falta de aire y presión en la cabeza, lo que le generó dudas al volver sobre qué motivaba a las personas a enfrentar semejante malestar. Sin embargo, en cuanto descansó en Mendoza, la sensación de superación cobró más fuerza y confirmó su pasión por los entornos de gran altitud.
Esta vivencia en terreno transformó su trabajo de atención a clientes y le abrió el camino hacia expediciones por Sudamérica, Europa, Asia y África. Para Aretha, la montaña se consolidó como una gran escuela de vida que fortaleció su toma de decisiones, su tolerancia y su capacidad de convivencia en situaciones extremas.