¿Se puede vivir del triatlón hoy? La realidad de los premios
En Café com Tri, Eduardo Braz y la mesa debaten por qué los premios no cubren los gastos y el giro hacia la creación de contenido.
En el endurance moderno, depender solo de los premios en efectivo resulta inviable para los triatletas profesionales. Conoce por qué la construcción de imagen, los patrocinios y la presencia digital se convirtieron en la principal fuente de sustento en este deporte.
La idea de que un triatleta profesional de alto rendimiento puede sostenerse exclusivamente cruzando la meta en primer lugar y cobrando el cheque de la organización no coincide con la realidad del deporte. En un debate en el podcast Café com Tri, con la participación del entrenador Eduardo Braz (ID_Endurance), la mesa analizó el ecosistema financiero de la disciplina y cómo la dependencia del prize money quedó en el pasado.
En el panorama global, son contadísimos los nombres que logran una estabilidad de élite vinculada puramente a contratos de rendimiento directo, como ocurrió con Jan Frodeno, Lucy Charles-Barclay y Daniela Ryf en el punto más alto de sus carreras. Incluso estrellas del deporte como Lionel Sanders transformaron su rutina en contenido, monetizando canales como YouTube y operando como auténticos creadores digitales. En Brasil, atletas de élite como Miguel Hidalgo y Manoel Messias buscan consolidar esa sostenibilidad, mientras que históricamente figuras consagradas como Reinaldo Colucci y Santiago Ascenço tuvieron que compaginar el alto nivel competitivo con la gestión de sus propios grupos de entrenamiento deportivo.
La ilusión del prize money en las grandes pruebas
La percepción del público general suele distorsionarse al ver la entrega de enormes cheques simbólicos en el podio. Incluso en las competencias más emblemáticas del planeta, la premiación neta se considera baja frente a la exigencia de la preparación. Un ejemplo mencionado en la conversación fue el Mundial de Ironman en Kona: la victoria, que pagaba cerca de 110 000 dólares, parece impresionante a primera vista, pero se diluye con rapidez ante los costos de una operación profesional.
De ese monto bruto, una porción considerable queda retenida en impuestos y tasas. El resto se divide entre el equipo multidisciplinario que respalda al atleta —entrenador, fisioterapeuta, médico, nutricionista y masajista—, además de cubrir los altísimos costos de viajes, logística y equipamiento. Para la gran mayoría de los competidores, el dinero obtenido por posición ni siquiera cubre los gastos de la temporada.
El giro digital y el atleta como comunicador
Ante este escenario, la presencia en redes sociales dejó de ser un capricho y se convirtió en parte de la descripción del puesto de cualquier profesional del endurance. Eduardo Braz destacó que, entre 2011 y 2021, período en el que trabajó exclusivamente con la élite, notó que los propios atletas amateurs entendieron el poder de la comunicación digital mucho antes que varios profesionales.
Con las marcas buscando retorno en interacción, relevancia comunitaria y activación de productos, el rendimiento deportivo por sí solo —ganar y lucir un logo en el uniforme— ya no sostiene contratos de patrocinio relevantes. El atleta que opta únicamente por entrenar y no exponerse comercialmente termina perdiendo terreno en el mercado, lo que consolida un escenario donde la generación de valor fuera de las pistas es el verdadero motor financiero del triatlón moderno.