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Patrícia Farias y el reto de los 20 km en el Lago Titicaca

A 3,812 metros de altitud y agua a 9 °C, la brasileña enfrentó el frío andino uniendo deporte y concientización ambiental.

Patrícia Farias enfrentó 20 km en el Lago Titicaca bajo condiciones extremas de frío y altitud. Conoce cómo fueron los entrenamientos con hielo en la alberca y la estrategia nutricional para el desafío.

Para un atleta de aguas abiertas, enfrentar 20 km ya representa una gran prueba de resistencia. Cuando la competencia se realiza a 3,812 metros de altitud, con una temperatura del agua que oscila entre 9 °C y 10 °C, la travesía adquiere matices de supervivencia y adaptación fisiológica extrema. Ese fue exactamente el reto que encaró Patrícia Farias en el Lago Titicaca, en una jornada que combinó superación deportiva con un mensaje ecológico.

La invitación para el desafío andino tuvo un propósito muy claro: llamar la atención sobre la preservación ambiental, combatir la contaminación de las aguas del lago y fomentar la práctica deportiva en la región. La causa ecológica se alineaba directamente con el trabajo que Patrícia realiza en los maratones acuáticos.

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Entrenamiento con hielo en piscina y protocolo para altitud

Simular en Brasil el frío de las aguas del Titicaca exigió improvisación por parte del equipo técnico. Sin lugares con agua naturalmente helada a su alcance, el entrenador Wanderley Santos tuvo la idea de añadir hielo durante la noche en una alberca de contracorriente (endless pool). Patrícia realizó un simulacro de cuatro horas a baja temperatura, con el respaldo de Wanderley, del técnico Gui, de Paulo Putinele y de la nutricionista Júlia Vasconcelos.

La logística también impuso barreras de tiempo. Para una prueba a casi 4,000 metros sobre el nivel del mar, la recomendación habitual implicaría unas dos semanas de aclimatación previa en el lugar. Debido a compromisos profesionales, Patrícia sólo pudo llegar cinco días antes del inicio.

Patrícia Farias y el reto de los 20 km en el Lago Titicaca

Para compensar la reducida aclimatación y mitigar los efectos de la menor disponibilidad de oxígeno, la nutricionista Júlia Vasconcelos prescribió un protocolo de 45 días con suplementación a base de betabel (remolacha), con el objetivo de favorecer la respuesta vascular y la oxigenación durante el esfuerzo físico.

Frío extremo, falta de aire y un cálido recibimiento

El día de la prueba, la temperatura ambiente rondaba los 10 °C, el mismo rango térmico del agua. Para lograr completar el recorrido sin sufrir congelamiento ni comprometer la mecánica de brazada para la larga distancia, Patrícia utilizó un traje de neopreno sin mangas.

Durante la travesía, los efectos de la altitud se hicieron sentir y la sensación de falta de aire demandó una concentración mental máxima, lo que obligó a la nadadora a sincronizar su respiración y ritmo cerca del bote de apoyo. En la recta final, la exigencia del trayecto fue recompensada por el entusiasmo local: la población acudió en masa a las orillas del lago para celebrar la llegada de la brasileña.

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