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Poliana Okimoto: de la piscina al podio olímpico en aguas abiertas

La exatleta recuerda su exitosa trayectoria, los desafíos superados y la transición hacia un nuevo ciclo de inspiración y emprendimiento.

La pionera Poliana Okimoto comparte su recorrido en el deporte de alto rendimiento, desde sus primeras brazadas hasta la inédita medalla olímpica. En una conversación con Samir Barel y Wanderley Santos, aborda la disciplina, las frustraciones y la pasión que la mantienen conectada a la natación.

Recibida por Samir Barel y Wanderley Santos en Natação Stemma, Poliana Okimoto, un ícono de las aguas abiertas brasileñas, repasó su notable trayectoria. A los 40 años, con un currículum que incluye ser la primera brasileña campeona mundial de aguas abiertas (10 km en 2013) y medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Río 2016 —convirtiéndose en la primera nadadora brasileña en subir al podio olímpico en la modalidad— Poliana reflexiona sobre el legado y la pasión que la impulsan hasta hoy. Elegida la mejor nadadora de aguas abiertas del mundo en 2009 y 2013 e integrante del Salón de la Fama de la modalidad, Poliana destaca la importancia de seguir desarrollando el deporte a través de su asesoría, la Okimoto Cintra Assessoria, y el Evento Poliana Okimoto de Águas Abertas.

"Cuando uno está ahí, no se cree todo eso. Yo pensaba que tenía que mejorar, que tenía que dar más", revela Poliana sobre la percepción de sus logros en la alta competición. Hoy, con la madurez, se permite mirar hacia atrás y reconocer la grandeza de su carrera, algo que, para ella, es más difícil en el día a día post-competición. "Es muy fácil ser malo en todo", bromea al recordar un entrenamiento de triatlón donde se sintió inferior en todas las modalidades, incluso en la natación, haciendo un ritmo de 1:45/100m, "casi una humillación" para quien ya fue medallista olímpica. Sin embargo, resalta que la técnica puede permanecer, pero la fuerza, potencia y resistencia disminuyen con la interrupción del entrenamiento de alto nivel.

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La Formación Rígida y la Humildad Esencial

Poliana inició su trayectoria en la natación a los siete años en la academia Munhoz, bajo la tutela de Ismar Barbosa, un entrenador con una metodología rígida. La disciplina y el compromiso enseñados por Ismar fueron fundamentales para la formación de su carácter. Ella recuerda una anécdota destacada: a los 13 años, tras conseguir un tercer puesto en el Trofeo José Finkel —su primer campeonato brasileño absoluto—, Ismar le quitó la medalla del pecho y le dijo: "Guarda esta medalla, olvídate de que la ganaste". El mensaje era claro: humildad y la búsqueda incesante de más. Esta lección moldeó su percepción de ser accesible y de nunca sentirse superior a nadie, un valor que lleva consigo hasta hoy y que la hace tan admirada por fans y atletas.

Poliana Okimoto: de la piscina al podio olímpico en aguas abiertas

Superando el Estancamiento y el Miedo a las Aguas Abiertas

Tras una carrera exitosa en las categorías juveniles, Poliana enfrentó un período de cuatro años sin mejora de tiempos, una fase de profunda desmotivación. "Lo que me mantuvo fue el amor al deporte", afirma. El cambio de entrenador, la adaptación de su técnica (anteriormente con brazos estirados, lo que le causaba dolor de hombro) y la búsqueda de nuevas metodologías fueron cruciales. El gran cambio llegó con su traslado a Santos y el encuentro con Ricardo Cintra, su futuro esposo y entrenador.

Cintra identificó en las aguas abiertas una oportunidad de oro para Poliana. Inspirado por la victoria de Monique Ferreira en la Travessia dos Fortes, la convenció de intentarlo, a pesar del miedo inicial de Poliana a nadar en el mar. "Estaba segura de que iba a haber un tiburón y que mi destino era ser devorada por un tiburón", recuerda. Los primeros entrenamientos en el mar estuvieron marcados por lágrimas y pavor, pero el deseo de alcanzar el sueño olímpico era mayor.

El Ascenso en el Escenario Internacional y la Lección de Londres

La Travessia dos Fortes, en 2004, fue un punto de inflexión. Poliana ganó la prueba de 3,8 km y batió el récord, un mes antes de que las aguas abiertas fueran anunciadas como modalidad olímpica. En 2006, en el Campeonato Mundial de Nápoles, obtuvo dos medallas de plata, un logro inédito para la natación brasileña. La visibilidad y los éxitos abrieron puertas para la maratón acuática en la CBDA, antes tratada como "el patito feo".

A pesar del éxito, su participación en los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín, donde quedó en séptimo lugar, reveló su falta de experiencia y madurez estratégica. "Era muy inexperta en la modalidad, no me gustaba el contacto físico y no tenía la madurez para jugar mis cartas durante la prueba", explica. Sin embargo, 2009 fue un año de gloria, con nueve victorias en 11 etapas de la Copa del Mundo, y el título de mejor atleta del año por la FINA (hoy World Aquatics).

La mayor lección, sin embargo, llegaría en Londres 2012. "La mayor lección de vida y el peor momento de mi vida vinieron juntos", dice Poliana. Considerada favorita, sufrió hipotermia en una prueba de aguas frías, siendo retirada del agua en el km 7 y despertando en un hospital, con un lapso de memoria. "Se aprende mucho más de las derrotas", afirma, destacando que la derrota la hizo entender sus errores, no solo de preparación física, sino también personales y familiares. El apoyo de la familia y la percepción de que la causa de la derrota fue un factor externo (la temperatura del agua) fueron cruciales para su recuperación de una depresión post-Olímpica.

El Triunfo en Río 2016

Con una "reconexión" consigo misma en el agua, Poliana decidió darse otra oportunidad. En 2013, en el Campeonato Mundial, un día antes de la prueba de 5 km, sufrió una intoxicación alimentaria. A pesar de la deshidratación y de los consejos médicos de no competir, ella insistió y consiguió la plata. Este logro reavivó su confianza y, en la prueba de 10 km, fue a por el oro, convirtiéndose en la primera campeona mundial de aguas abiertas de Brasil.

El ciclo para Río 2016 fue el mejor de su vida, incluso a los 33 años. "Entrené para ser campeona olímpica, no para ganar una medalla", declara. El día de la prueba, en Copacabana, Poliana sintió que era su momento. La prueba fue una mezcla de emociones: cruzó la meta en cuarto lugar, pero una protesta contra una adversaria resultó en la reclasificación y la consecución de la medalla de bronce. La estrategia de Poliana, centrada en su principal adversaria, Sharon van Rouwendaal, y su capacidad para tomar decisiones rápidas fueron decisivas. El momento de ver su nombre en tercer lugar en el marcador, la emoción de los brasileños y el reencuentro con Cintra y sus padres, consolidaron el "sueño hecho realidad" de una medalla olímpica en casa.

Un Legado de Inspiración y la Vida Post-Atleta

La decisión de dejar de competir profesionalmente en 2017 fue un proceso gradual. Poliana percibió que su "porqué" —la medalla olímpica— ya había sido alcanzado. "No quería cogerle rencor a la natación", explica, citando el ejemplo de muchos nadadores que abandonan el deporte por completo. Ella quería mantener la pasión, nadar por deporte, amor y salud. Su despedida ocurrió en el Rei e Rainha do Mar, en un emocionante relevo con Ana Marcela Cunha y Allan do Carmo.

Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, Poliana Okimoto afirma que su medalla olímpica es su mayor contribución al mundo, además de su hijo. "A través de ella se están ejecutando tantos otros proyectos, tantas personas se inspiraron, tantas personas cambiaron sus vidas por haberme visto, por haberse inspirado, por haber ido tras ello", se emociona. Menciona al profesor de asesoramiento que abrió su negocio después de su medalla, creando una "cadena" de impacto. Esta conexión con las personas y la capacidad de inspirar son el verdadero legado de la campeona. En medio de las reflexiones, Poliana aún respondió a un "Récords Instantáneos" de preguntas rápidas, revelando preferencia por las aguas abiertas, agua a 30 grados, entrenar por la tarde y sola, y a Ricardo Cintra como el entrenador que la marcó. Su punto fuerte como nadadora es ser resiliente, y su punto débil, la falta de fuerza bruta, compensada por una increíble transferencia de fuerza en la técnica.

Actualmente, Poliana sigue involucrada en el deporte a través de su asesoría y de la Travessia Poliana Okimoto, que tendrá una edición especial el 6 de diciembre en Bora Bora, en celebración de los 10 años de su medalla olímpica.

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