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Cómo identificar y superar creencias limitantes en el día a día

Claudia Lisboa explica el origen de los bloqueos mentales y comparte pasos prácticos para reprogramar patrones y hábitos.

Descubre cómo los pensamientos automáticos moldean conductas y frenan el crecimiento personal y profesional. La mentora Claudia Lisboa enseña a mapear creencias negativas, reescribir patrones y pasar a la acción para transformar la mentalidad.

Todo comportamiento comienza con un pensamiento. Muchas veces, sin darnos cuenta, repetimos ideas sobre nosotras mismas y sobre el mundo que frenan nuestro crecimiento profesional, afectan nuestras relaciones y minan la confianza. En el segmento Inspira e Ação, Livia Matos recibió a la mentora, entrenadora de líderes y fundadora de Soul Academy, Claudia Lisboa, para una conversación práctica sobre cómo funcionan las creencias limitantes y qué hacer para superarlas.

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El origen de las creencias: entre la experiencia real y la imaginación

Claudia Lisboa señala que tener creencias limitantes es algo natural del ser humano: todo el mundo las tiene o las tendrá en algún momento. La clave está en entender de dónde surgen. En la práctica, se dividen en racionales e irracionales.

Las creencias racionales nacen de experiencias reales, muchas veces negativas o incómodas. Por ejemplo, tras vivir una ruptura dolorosa o una traición, una persona puede concluir que "ninguna relación vale la pena". El cerebro actúa así como mecanismo de defensa y protección, registrando con gran rapidez los episodios difíciles para evitar que el dolor se repita. El problema surge al generalizar un hecho aislado y convertirlo en una verdad absoluta, buscando después evidencias constantes para justificar esa postura.

Cómo identificar y superar creencias limitantes en el día a día

En cambio, las creencias irracionales no cuentan con evidencias reales. Son ideas infundadas, como asegurar "nunca voy a poder aprender inglés" o "no nací para los números". Con frecuencia, la persona justifica el bloqueo en intentos pasados con métodos inadecuados o falta de constancia, alimentando una barrera que limita nuevas oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional.

Además, existen las creencias heredadas. Desde la infancia absorbemos miedos, discursos y patrones de conducta de la familia y del entorno, repitiendo en la adultez actitudes y trabas que en realidad nunca fueron nuestras.

Los bloqueos más comunes con el dinero, el cuerpo y el perfeccionismo

Las creencias se manifiestan a través de frases automáticas que solemos decir sin pensar. Entre las más frecuentes están las trabas financieras, como "el dinero se me va como agua" o la idea de que la prosperidad está asociada a problemas o frialdad emocional. Cuando alguien cree que debe elegir entre tener una vida familiar tranquila o alcanzar el éxito financiero, genera una falsa exclusión que sabotea su propia ambición.

Otro ejemplo habitual aparece en la relación con la salud física, como pensar que "no se nació para hacer ejercicio". Claudia recuerda que el cuerpo necesita movimiento y que reconocer la pereza como algo puntual es muy distinto a etiquetarse como incapaz de entrenar.

También está la trampa del perfeccionismo rígido: la creencia de que cualquier error equivale a incompetencia. Quien alimenta esta idea sufre de una autoexigencia desmedida y tiende a volverse intolerante ante las fallas ajenas, olvidando que todo aprendizaje requiere prueba, error y ajustes.

Cómo aprende el cerebro y por qué la acción es indispensable

Estudios y prácticas de inteligencia emocional revelan que tenemos miles de pensamientos al día, y la mayoría tiende a inclinarse hacia lo negativo o preventivo. Dado que el cerebro prioriza la seguridad, fija experiencias difíciles con facilidad, pero requiere repetición consciente y constante para consolidar hábitos saludables y pensamientos constructivos.

Quedarse solo en el terreno de las afirmaciones verbales no alcanza. Para desactivar un patrón arraigado, es necesario respaldar la nueva postura con acciones concretas. Cuando la persona persiste en la práctica —ya sea en el estudio, el trabajo o el entrenamiento—, el cerebro empieza a registrar los beneficios y la satisfacción del resultado, haciendo que el hábito sea sostenible a largo plazo.

Tres pasos para reprogramar tu mente y vivir en versión beta

Para quienes buscan dar un giro en su rutina diaria, Claudia Lisboa propone una guía concreta en tres pasos:

  1. Mapear e identificar los patrones: comienza prestando atención a las frases recurrentes que repites, sobre todo aquellas que inician con "yo nunca", "no soy capaz" o "aquí siempre se hizo así". Anotar estas expresiones en un cuaderno o pedir retroalimentación honesta a personas de confianza ayuda a detectar las tres creencias principales que más interfieren en tu presente.
  2. Sustituir el pensamiento en el momento: cuando surja el bloqueo mental, cuestiona la utilidad de esa idea y haz una reformulación consciente. Cambia frases absolutistas por alternativas constructivas, como "estoy en proceso de aprendizaje" o "tengo la capacidad de desarrollar cualquier habilidad".
  3. Pasar a la acción con constancia: ejecuta conductas alineadas con la nueva creencia para que el cerebro acumule evidencias reales de capacidad y superación.

La charla resalta además el concepto de vivir en versión beta: asumir que somos proyectos en constante evolución, abiertas a nuevas actualizaciones y aprendizajes diarios, sin la rigidez de creer que nacimos terminadas o condenadas a actuar siempre de la misma forma.

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